Siempre que me pongo detrás de la cámara y arrimo mi ojo al visor, soytremendamente feliz y en mi tripa siento el cosquilleo que te transmiten solo las cosas que me gustan de verdad, como sentarme al sol con un buen libro o tirarme en el césped a ver pasar las nubes. Es una felicidad irracional, que no está provocada por un gran acontencimiento, por ningún hecho importante ni grandicoluente: simplemente lo siento y ya está.

Pero cuando a la personita que tienes delante te une un vínculo especial, entonces esa felicidad se transforma en algo mucho más profundo, tanto, que incluso te duele. Y eso es lo que me ha pasado la sesión de fotos que os traigo hoy, la más bonita, la más especial que he hecho hasta ahora... te presento a mi sobrina Valeria.




